Me lo dijo Pérez (24- 07- 2006)
"Tener muchos humos."
Entre los romanos existía la costumbre de adornar el atrio de las viviendas con los bustos y retratos de toda su ascendencia, con el objeto de demostrar la extensión y la ranciedad de su linaje.
Por efecto del humo y del paso del tiempo, los objetos decorativos iban adquiriendo una coloración oscura de la que los habitantes de la casa solían ufanarse, ya que cuanto más intensa era esa pátina de ranciedad, más crecía la respetabilidad de la familia, en base a la memoria de sus ancestros.
Ese es el origen de la expresión "tener muchos humos" que hoy aplicamos análogamente para manifestar la fea actitud de quien actúa con engreimiento y presunción inmoderados.
Derivada de la misma locución es la de "subirse los humos a la cabeza" y en el mismo sentido de arrogancia por el estatus económico o social adquirido por una familia o persona.
"Ver el cielo abierto."
Esta locución se suele utilizar cuando se produce el fin de una situación de desgracia o se encuentra la solución a un problema. Probablemente proviene de un pasaje de los "Hechos de los Apóstoles", en el que se narra el martirio por lapidación de San Esteban. Se cuenta que mientras los agresores recogían del suelo las piedras para lapidarlo, el santo elevó los ojos y vio "los cielos abiertos", como esperando su acogida en el Paraiso. Otra versión alude al alivio del agricultor cuando ve que el cielo abre (desaparecen las nubes) después de una abundante lluvia.
"Beber los vientos."
"Beber los vientos" por alguien (siempre persona, raramente cosa) es sinónimo de desear ardientemente a una persona y hacer todo lo posible por conseguirla, o más concretamente, por conseguir su amor. Suele utilizarse este modismo para indicar que una persona está tan enamorada que sigue al ser amado de manera constante, tanto que se "bebe" la estela de aire que deja tras de sí. El origen de esta frase pudiera encontrarse en la actividad de la caza, en la que los perros olfatean de forma tan insistente el aire que parece que lo bebieran, hasta encontrar el rastro de la pieza a la que siguen con denodado esfuerzo.
Fuente: Carlos Rivera (poeta y escritor). http://www.elpelao.com/letras/cat2.html
